Tampoco olvides la sangre de los perros atropellados, que de su sangre se alimentan las pocas flores silvestres de la ciudad...Ni al sol de veranoque en esta ciudad es como una piedra de pecados que cargamos en la espalda
Tampoco olvides la sangre de los perros atropellados, que de su sangre se alimentan las pocas flores silvestres de la ciudad...
ResponderEliminarNi al sol de verano
que en esta ciudad es como una piedra de pecados que cargamos en la espalda